SOY ADICTA AL MÓVIL

Oct 28, 2022 | buenos hábitos, reflexión, reflexiones

El otoño, con su luz a medias, con el comienzo de los días frío y lluviosos, invita a recogerse, a quedarse en casa bajo una manta, haciendo incansables maratones de series que comienzan después de comer con un cafecito y un poco de chocolate, y terminan con palomitas y una buena copa de vino. 

Antiguamente te hubiera dicho que leyendo un libro, pero llevo meses que no consigo concentrarme en una novela. Sí, leo a diario, pero libros de crecimiento personal, de productividad, de psicología, etc. 

Incluso me he comprado alguna novela de esas sin complicaciones, de amor, lujo y demás, con el fin de conseguir evadirme sin tener que pensar…pero no lo logro. Empiezo muy bien, incluso me engancho, pero entonces, me distraigo y ya estoy perdida. 

Y siendo totalmente sincera, ese momento maratón de series tampoco es real. Porque tengo una adicción al móvil que no es normal. Y si, estaré tumbada cual larga en el sofá, y de fondo la serie,  pero en vez de estar viéndola y disfrutándola, tendré un ojo en la televisión y a la vez estaré haciendo scroll por Instagram, entrando y saliendo de las mil y una aplicaciones que tengo, mirando el correo, el whastapp, Telegram, y ahora, además, YouTube. 

Efectivamente actualmente el móvil es mi principal herramienta de trabajo. Con él hago fotos, edito vídeos, reviso documentos, correos electrónicos, contesto comentarios de mis grupos de Casa al Día, subo publicaciones a Instagram, escribo notas, reviso mi agenda…pero…creo que lo uso diez mil veces más de lo estrictamente necesario.

Me pasa, que me propongo hacer una tarea, concentrada, en mi mesa de trabajo. Abro el portátil, le doy la vuelta al móvil, y pongo todo el foco en la pantalla del ordenador. Empiezo a teclear, a redactar un correo, un post, un guión… y siento la imperiosa necesidad de darle la vuelta al teléfono y echar un vistazo. Como no tengo las notificaciones activadas, desbloqueo la pantalla y busco las aplicaciones donde tengo el puntito rojo. Empiezo por una, normalmente Telegram, porque puede ser algo importante de trabajo. También el correo electrónico, que además tengo compartimentado: profesional por un lado, personal en otra aplicación. De ahí, no sé cómo pero termino en Instagram, y … ya estoy perdida. 

Sin querer, he hecho una pausa de casi media hora. Absurda, porque no había nada importante que requiriera mi atención inmediata. Es más, me siento cabreada conmigo misma por haber perdido el tiempo de esa manera. 

No puedo hacer una terapia de choque. Es decir, no puedo decir, ahí te quedas móvil, Instagram, que yo me voy a hacer un detox de quince días, para desengancharme. No puedo. Ahora mismo, mi forma de vida depende de ellos. Y me siento esclava.

Soy consciente de que tengo que poner medidas. Por mi salud. Y en ello estoy. Buscando encontrar el equilibrio, una vez más. Parece que es mi sino. Buscar el equilibrio. 

La primera medida que he tomado y que estoy encantada, es haber vuelto al despertador analógico de toda la vida. Lo dejamos de usar porque a mi marido le molestaba muchísimo el tic tac, y si era digital, la luz. Ojito que luego es el primero que se queda dormido en una verbena. Pero en fin…

Buscando en internet, encontré que ya los hacen completamente silenciosos. Ni un ruido. Ni una luz, salvo que aprietes un botón. Me hice con uno. 

El fin de sustituir el móvil por un despertador, ha traído mejorías considerables en mi vida. Ahora, antes de acostarme dejo en mi mesa de trabajo cargando el móvil. Lo apago completamente y me olvido de él. Está incluso, en otra habitación. 

El despertador lo he puesto encima de una cómoda, para verme obligada a levantarme a apagarlo. 

Como no tengo móvil a mano, dedico un rato más o menos largo para leer en la cama antes de acostarme . Tampoco me he forzado con el tema novela, así que sigo leyendo mis libros frikis. Pero mira cómo es la mente, que leyendo se me ocurren ideas, y siento la necesidad de ir a por el móvil para apuntarlas en las notas. Pero me he puesto un taco de post-it y un bolígrafo en un cajón de la mesilla,  las anoto en ellos y los pego en la lámpara que tengo para poder leer y me olvido hasta la mañana. 

Cuando al día siguiente, el despertador suena, para empezar me doy cuenta de que estoy más descansada, ¿será por no haber estado con la pantalla hasta el último segundo en que se cierran mis ojos? Me levanto sin problema, pero ahí comienza la siguiente batalla. Evitar ir a por el móvil y engancharme a él. 

Había llegado un momento, que según sonaba la alarma a las 5:55AM en vez de levantarme a escribir, y a meditar, etc. me perdía en el mundo virtual… vamos que mi momento mañanero, en el que proyecto y sueño con la vida que quiero, lo había cambiado por cotillear y comparar mi vida con la vida de los demás a través de IG o YouTube. Error. Grandísimo error. Porque no es lo que quiero. Es como tirarme piedras sobre mi propio tejado. Es justo lo contrario a lo que quiero hacer. Pero es una adicción. 

El problema es, que me he comprometido a subir la teoría del curso de Casa al Día muy temprano, y por tanto me tengo que conectar sobre las 6:30 – 7AM y subir la teoría, contestar algunas preguntas, etc. Y ahí pues la he vuelto a c*g*r. Porque sigo siendo incapaz de cumplir la misión y desconectar de nuevo. Porque empiezo a ver los mensajes que me han llegado durante la noche por Instagram y me pongo a contestarlos.Y al final, no se cómo, termino perdiendo el tiempo de nuevo viendo reels de gente que ni sigo o incluso llorando como una magdalena viendo historias enternecedoras. Hasta que me doy cuenta de que ya voy tarde, que deberíamos estar desayunando, y entonces…entonces empieza la carrera matutina, que tanto he odiado en mi vida. 

Y esta es mi nueva lucha, porque la cosa como te comentaba al principio, no se queda aquí, sino que durante el resto del día, son muchas, demasiadas, las veces que me digo a mi misma: Esther, ya estás otra vez enganchada. 

Sé que existen aplicaciones que te regulan el uso. Yo misma las uso con mis hijos. ¡Que esa es otra! Lecciones vendo que para mí no tengo. Pero en mi favor diré, que como soy muy consciente de los peligros que entraña esta adicción, pongo bastante énfasis en que ellos no caigan. Pero sé que tengo que dar ejemplo. Porque no vale el: si, pero es que es mi herramienta de trabajo

Efectivamente es mi herramienta principal de trabajo. Y cuando eres autónomo es complicado desconectar y saber diferenciar los límites de tu tiempo. Ese es otro melón del que hablaré en otra ocasión. Porque cuando trabajas por cuenta ajena, tu trabajo se queda, o debería quedarse, en la oficina. Y luchas con todas tus fuerzas para que así sea, y te fastidia mucho estar dándole vueltas a algo del curro mientras se supone que deberías estar disfrutando de tu tiempo libre. Pero cuando eres autónomo, el trabajo va donde tu vayas, y cargas con responsabilidades las 24h, siete días a la semana. 

En fin, que mi guerra actual es conseguir hacer un uso responsable del maldito cacharro. Desintoxicarme con él cerca no es fácil, pero lo lograré. Te cuento mi plan de acción por si te ayuda: 

Imponerme un horario real de trabajo para contestar e-mails, subir contenido a los cursos, atender a los grupos, etc. 

Tratar de trabajar desde el ordenador en todo lo posible. La mayoría de las aplicaciones que uso las tengo también en el escritorio del portátil, y por tanto no necesito coger el móvil y evitar la tentación de picar.

Fijar días y momentos concretos para la creación de contenido con el móvil. Me refiero a las fotos, vídeos… esta es la parte que veo más complicada. Sobre todo de cara a proyectos futuros que implican grabar cosas de mi día a día. 

Establecer ratos limitados para entrar en IG. Es una de mis herramientas fundamentales de trabajo, pero por eso mismo, tengo que verlo como una parte del mismo. Efectivamente tengo que entrar varias veces al día. Pero me tengo que centrar en entrar, subir la publicación correspondiente, o contestar comentarios e interactuar un rato con muchas de vosotras, y ver las estadísticas. Es decir 3 veces, como mucho 4 al día. ¿A qué horas? Pues no antes de las 8:30 ni más tarde de las 22:00.

A partir de las 22:00 móvil fuera. Es verdad que me gusta compartir a veces mi experiencia tras los Zooms o las Masterclasses y suelen terminar tarde, pero es algo puntual de algunos martes o jueves. 

Otro problema está en esos ratos en los que «tengo un momentito» (mientras espero a que salga mi hija del colegio, o en los trayectos en autobús, o cualquier espera…) saco el móvil y me pongo a mirar. Ahí creo que solo me queda trabajar mi fuerza de voluntad. 

Es verdad que son momentos muy puntuales y bastante cortos de tiempo, por lo que no suelo engancharme y pasarme de parada o dejar de atender a mi hija cuando por fin sale. Pero si que hay veces que me «amarga» un correo, o un comentario, o el resultado de una publicación y me da rabia porque si no lo hubiera visto, estaría mucho más feliz. Así que buscaré la opción para por ejemplo, leer a través de la aplicación de Kindle, o escuchar música o un podcast o un audiolibro. 

Todo sea por recuperar las riendas de mi vida, dar un buen ejemplo a mis hijos , y volver a tener el control de móvil y que no sea al revés. Por mi salud mental, y física. Y porque estoy segura de que conseguiré tener ese equilibrio que siempre ando buscando. 

Para empezar te diré, que he conseguido escribir este post, que serán el guión de un podcast que puedes escuchar aquí, sin haber dado la vuelta al móvil ni una vez…aunque siendo sincera, he tenido más de una tentación de hacerlo.

Y si te has sentido reflejado en mis palabras me encantará saber que no estoy sola. Y si tienes algún buen truco, estoy abierta a implementarlo en mi vida. 

Un abrazo, 

7 Comentarios

  1. Anónimo

    Hola, yo hago lo mismo. Creo que esto nos pasa a la mayoría. Si la tecnología es muy buena pero nos está haciendo mucho daño. Yo procuro por la mañana no mirarlo. Me levanto también a las 6 de la mañana y no miro el mobil o eso i tento porque si lo haces te pierdes en el. Lo.primweo que hago es meditar y recoger un poco antes de irme a trabajar. Eso sí por las noches me pasa igual que tú. Me pongo una serie y estoy con el mobil chafardeando, Instagram, Telegram, Facebook, y la verdad tengo que echar la serie para atrás y volver a empezar porque no me he enterado de nada jajaja. En fin creo que somos muchos los que estamos enganchados . Un beso enorme. Me encantas

  2. Anónimo

    Me siento tan identificada, yo no tengo un trabajo digital pero tengo que estar localizable y soy un ejemplos pésimo para mi hijo lo que me hace sentirme fatal

  3. Anónimo

    Muchísimas gracias por compartirlo, seguro que la mayoría de nosotras estamos igual que tú o incluso peor. Pero es maravilloso ver que te das cuenta de que tienes un problema y que tienes voluntad y herramientas para poder solucionarlo y no quedarte en el victimismo. Oooleee tú.

  4. Anónimo

    Somos muchas las que estamos igual, o parecido, sin tener el móvil como herramienta de trabajo. Así que no, no estás sola. Gracias por compartir tus trucos para intentarlo. Yo he empezado por limitarme el uso de IG durante las horas de trabajo, y por prohibirme usar el móvil en las horas de la tarde en que me dedico a mis hijos. La reflexión que me hago a mí misma es que me he reducido la jornada para atenderlos, es una contradicción que los "desatienda" por distraerme en banalidades que ni me aportan a mi, ni a ellos. A ver si me hago caso a mi misma, o acabo por los mismos derroteros… Ánimo!

  5. Anónimo

    No estas sola. Estoy exactamente igual que tu. Con la grave diferencia que mi móvil no es mi herramienta de trabajo. Me chifla pasearme por las redes sociales, checkear mi correo electrónico y todo eso que explicas hasta el punto de robarle horas a mi sueño. No te exagero si te digo que me duelen las manos de la postura de sujetar el móvil. Yo necesito ayuda, no sé como solucionarlo sola

  6. Anónimo

    No tengo ningun truco para ayudarte, porque tu ya has comentado muy bien la estrategia para controlarte. Pero te agradezco muchisimo tu sinceridad y que muestres asi tu vulnerabilidad. Yo estoy en una situacion parecida, si bien no trabajo con el movil, le dedico mas horas de las que debiera y he dejado de leer y pintar porque ya no me quedan horas libres. He pasado de ser la guru anti-dependencia-del-movil de mi pareja y mis hijos, a considerarme adicta. De momento solo intento usar mi fuerza de voluntad y volver a identificarme con mi yo del pasado. Lo dicho, gracias, no estas sola, no estoy sola, no estamos solas.

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